Cristina habló otra vez (¿otra vez?) si otra vez, y dijo:
"Uno de los principales problemas que tenemos los argentinos es no hacernos cargo de las cosas" y antes había dicho que
con el tiempo íbamos a terminar entendiendo el sentido de las cosas, o algo así… Esto atenta contra la cordura y uno termina dudando de su propio entendimiento (¿no será a propósito?) Mientras sigo asombrado por la ceguera absurda del Régimen que practica esta forma de
neoconstructivismo de cuarta, me acordé de un par de cosas que se me pasaron por la cabeza durante estos días.
Por un lado no me gusta el tono místico-patriótico de algunos defensores de los campesinos que confunden un negocio con una
vocación trascendente o un trabajo con un
destino de servicio a la patria. Talvez esta sobreactuación sea una respuesta al ataque furibundo del Régimen y de sus seguidores. Digo, es cierto que la vida de un tambero es sacrificada y rutinaria pero no mucho mas que la de un obrero del conurbano de GBA que se tiene que tomar tres bondis para laburar 10 hs y volver. Tampoco creo que una tornería, por ejemplo, tenga menos entidad como empresa que un cultivo de arándanos. Los trabajos en el campo y los negocios agropecuarios son trabajos y negocios como cualquier otro. Por otra parte, y como es de esperar, hay todo tipo de gente. Hay personas que trabajan a largo plazo haciendo las cosas bien, y al mismo tiempo hay inescrupulosos que esquilmar el suelo dejando un tendal de daños y perjuicios en la sociedad. El negocio agropecuario es como cualquier otro: una idea + recursos + trabajo, donde deberían ganar todos los que participan en la cadena de valor para que sea sustentable. Y esto se puede hacer bien o mal. Un elemento que confunde, irrita y perturba, particularmente a los que abrevaron del pensamiento de origen marxista, es el asunto de la propiedad de la tierra, pero eso no da para un post escrito en primera toma a esta hora de la madrugada. Resumiendo: me molesta, por ejemplo, que un flaquito de boina de hilo, camisita y alpargatitas blancas (todo esto sin un miligramo de tierra ni sudor) defienda la posición legítima del productor agropecuario invocando
salvatajes a la patria y el
sacrificio filantrópico del hombre del campo, básicamente porque no es cierto. Tengo que aclarar que conozco pocos emprendimientos mas apasionantes y que provoquen mas entusiasmo que los agropecuarios. Espero que se entienda.
Otra cosa y en línea con lo anterior, me sigue asombrando la bronca que le tiene cierta opinión publica a los emprendedores que les va bien. La madrugada del debate en el senado los veía a Reutemann sentado en su banca de camisa azul arremangada, jeans y borceguíes. Una pilcha simpática ciertamente aunque no muy adecuada para un sesión del Senado. Queda claro que no se habla solo con palabras. Le tengo alguna simpatía al Lole pero me cuesta perdonarle que le haya dado pista libre a estos pingüinos cleptómanos, y lo hizo dos veces. Pero el punto que quería comentar es el Reutemann productor, objeto del consabido odio argentino hacia el que le fue bien con el trabajo honesto, rasgo inexplicable que se verifica siempre. Subyace la envidia y despierta un repentino "espíritu redistribucionista" de lo ajeno. Lo que mas llama la atención es que esta envidia no se manifiesta con los artistas o deportistas que se vuelven millonarios de un día para el otro, probablemente de manera mas "injusta" que un emprendedor. Imaginemos que Reutemann se hubiera dedicado a disfrutar de la vida invirtiendo sus millones de piloto de F1 en negocios financieros y opinara desde la terraza del Casino de Monte Carlo con un Dry Martini en la mano, a cerca del “calentamiento global” o el “desplazamiento de los pueblos originarios” seguro que la opinión pública progresista y los periodistas bienpensantes serian benévolos y adulones con él
"que tipo con sensibilidad social" dirían. Ahora, como el señor invirtió en el campo, trabajó acá y le fue bien acá; ese mismo tipo de gente descuenta que es un
miserable defensor de oscuros intereses de los especuladores codiciosos de infinita maldad y egoísmo. Estamos en el clímax de imperio de la imbecilidad y necesitamos tener paciencia y la menta clara. Se viene días difíciles pero cada día que pasa, falta uno menos para que termine.