19/2/10

De sensaciones y controles bromatologicos

Nunca me voy a olvidar la sensación tan ochentista de mirar hipnotizado los chirimbolos electrónicos de la vidrieras en un free shop de aeropuerto o de la zona baja de Encarnación. Ni hablar de alguna ciudad como NY. Acá, en esos tiempos, no había nada. Un walkman o una videocasetera a menos de un metro de distancia era una sensación mágica y pecaminosa. El tema era mirarlos nomás porque para nosotros eran inalcanzables, costaban una fortuna. Los instrumentos musicales siempre fueron venerados por mi así que le experiencia era doblemente intensa en las tiendas del rubro. En esa época comprar un walkman era un delito federal y traerse un juego de cuerdas para la guitarra, traición a la patria.



Hace unos días reviví esa misma sensación ochentista pero esta vez frente la góndola de los lácteos, acá nomás, en mi querida República Oriental del Uruguay. Estamos jodidos. Es asombrosa la diferencia que hay en la oferta de productos comparado con la Argentina. La variedad y especialmente la calidad. No solamente la de ellos mejoró sensiblemente sino que la decadencia de lo nuestro da vértigo. La perdida del poder adquisitivo y el control de precios están haciendo un desastre. Lo que compramos acá como si fuera leche es un fluido blanco indefinido que podrá tener algo de leche recompuesta, vaya uno a saber. La manteca mejor ni averigüemos y el yogur una emulsión mas o menos viscosa con saborizante de ocasión. Esto mismo se puede aplicar a casi todos los productos. El control de precios además condena a la desaparición a las segundas marcas y concentra la participación de mercado en las empresas grandes. Éstas inexorablemente terminan resignando calidad. Y cuidado, porque todo lo eficaces que son para controlar los precios, no lo son con los controles bromatológicos. Cuídense compañeros porque nadie lo va hacer por ustedes.

5 comentarios:

Max dijo...

Uh, man, cuanto coincido!!!!
Yo soy fanatico del yogur de verdad, el espeso, no la sopa esa bebible que se vende ahora, pero ya no existe el yogur de ese tipo en envases grandes!! Estoy seguro de que debe ser mucho más caro de producir y la gente no se si diferencia la calidad con las bostas bebibles.
En Uruguay todavía hay ese yogur natural de tetra de medio litro que cae en pedazos cuando lo volcas, la cosa más rica del mundo con azucar o una experiencia trascendental con zucaritas. Y todos los yogures de Conaprole son yogur, no lo de acá. Yogur y frutas, no texturas y saborizantes sinteticos.

Almafuerte dijo...

Disculpen, pero acaso ustedes insinuan... que Pancho Ibáñez nos miente???

Luche y vuelve la Vascongada de vidrio.

Victor dijo...

Max: el yogur natural yorugua es una referencia. Hay uno que viene en tetra y otro que viene en botella. Abos son buenísimos.

Almafuerte: Pancho es un caballero pero lo que hace la agencia de publicidad de La Serenísima debería ser delito. Aparte, me quedo con Cacho Fontana.

La Vascongada de vidrio tuvo un resurgimiento pero no sobrevivió.

Juan de los Palotes Medrano dijo...

Fachos!

Roedor dijo...

Creo que la razón por la que aquí las cosas "espesas" no van es por toda la onda light que desde hace años hace furor. Si la gente no quiere tomar el café cargado menos va a querer que su yogur sea viscoso o que la leche parezca leche.

Yo lo atribuiría a una cuestión de mercado. Y la leche transparente ya lleva décadas en este país, en momentos donde no había control de precios.

En Uruguay todavía saben vivir las cosas simples de la vida. Tendrán un presidente gordito y con colesterol alto, pero lo prefiero a una presidenta que si come tres manzanas en lugar de dos le agarra el ataque...