15/11/07

Uno tiende a volverse supersticioso

Paso un párrafo de un email que me mando un amigo, gran conocedor del espíritu y conducta humana. Aunque bien evidente en el día a día, me pareció que ilustra acabadamente la forma de actuar de la gente.

"...La investigación a la que a continuación se refería era una para ver la capacidad de salir de laberintos entre ratas y personas. Encontraron, con significativos indicadores estadísticos, que los humanos eran más eficientes. A las ratas, obviamente les ponían queso, y a los humanos, unos estudiantes de una facultad, les ponían un billete de $5 al final del laberinto. Un descubrimiento circunstancial fue los mas asombroso : "lo notable, fue lo que sucedió con la extinción del experimento -que se da cuando se deja de poner la "recompensa" queso/billete-, las ratas en seguida dejaron de ir al laberinto. Mientras que los humanos continuaron yendo por tiempo... a ver si estaba el billete de cinco dólares, "¡irrumpían incluso por las noches!". La moraleja era que así se comportaban muchos "terapeutas": si veían que algo no funcionaba/dejaba de funcionar (no hay más billetes), lo seguían haciendo una y otra vez. Este facto, da lugar a la idea de los PNLers -y de buena parte de los libros de desarrollo personal o de mánayment inclusive- de que el éxito es peligroso, porque "uno tiende a volverse supersticioso". "

Creo que esta realidad del comportamiento humano explica muchas cosas. Por ejemplo la obtusa obstinación del pensamiento “progre” que insiste irracionalmente en imponer recetas socialistas que fracasaron rotundamente en todos lados y en todas las circunstancias. También refleja cabalmente mi extraña obsesión de abrir la heladera a la noche cada 20 o 30 min. Aún sabiendo con certeza absoluta que no voy a encontrar lo que estoy buscando.

9 comentarios:

Stella dijo...

Victor, en lo que se refiere a los que insisten en imponer recetas socialistas que ya fracasaron, a veces tengo la sensacion de que tienen como frase de cabecera "La canción es vieja, pero el público se renueva!!" ajjaa

Y con respecto a lo de la heladera, mi viejo hacía lo mismo, y cuando nos burlábamos de el, su comentario era: "Ya se que es una heladera y no un televisor!!"
ajjaaa

Pau dijo...

En una mancha de tinta no hay ningún murciélago, aunque hay gente que los vea. Algo así escribió Bateson. Vos sos igual, ves progres y socialistas hasta en la sopa. Porque el paralelo no da...¿cuál es el éxito del socialismo que alienta a los progres a insistir hasta la superstición?

Tampoco me cierra el tema de la heladera, porque, si bien es cierto que la heladera es la misma, lo que cambia es uno (por lo menos es lo que me pasa a mí) y los umbrales de tolerancia van bajando cada vez, y uno le termina encarando a cosas que antes rechazó: restos de hace una semana, cosas saladas o un poco de gelatina que dejaron los chicos. no?

Victor dijo...

ah! OK. Yo pensaba que estaba lleno de zurditos bienpensantes. Por suerte no es cierto... Deja de romper lo quinotos con tu relativismo ontológico

Pau dijo...

Ma que reltivismo ontológico... chabón, sentido común!

Bugman dijo...

Entonces el socialismo vendría a ser como un resto de algo posiblemente orgánico que alguna vez fue una comida apetitosa?

Victor dijo...

Que buena metáfora Sir Bugman.

CLAUDE CONTIN dijo...

La repetición de una conducta a partir de una experiencia satisfactoria es aplicable a muchos casos, no necesariamente malos todos ellos. Entiendo que el error grosero, la deformación de las cosas y los sistemas que hacen mal a las sociedades no merecen una segunda oportunidad, pero, bien aplicada, está buena la terquedad del hombre, esa tendencia a no rendirse, a cerrar la mente ante una posibilidad inaceptable y seguir porfiando. Los digo pensando con mis entrañas, aunque no sea muy razonable.

Fabiana dijo...

¡Me gustó!

Juan de los Palotes Medrano dijo...

No, no, y no. Esta vez todo saldrá bien!

No habrá inflación, ni desabastecimiento, ni pérdida brutal de competitividad, ni crecerá la miseria. Todo será maravilloso, una gran Disneylandia.

Ténganos fé, don Víctor!